martes, abril 24, 2007

-5-

Las hojas del otoño se arremolinaban con la suave brisa del atardecer, cuando los últimos rayos tornasolados iluminaban la veleta con forma de gallo sobre el techo del granero. Lentamente, desde la ventana de la cocina, Anne Marie observaba el cielo teñirse de noche mientras manejaba enérgicamente a su personal de cocina; Al día siguiente debía presentar un gran pastel en la convención dominical de niños cantores de la parroquia.
Dejando escapar un leve rebuzne, los goznes de la veleta la hicieron mirar hacia el sur. Anne Marie se asustó, y vio en los fríos ojos blancos de la veleta un tono de sospecha y reproche.
“Ese maldito gallo”, pensó Anne Marie. Siempre le había atemorizado. Desde el día en que, al clavarla, el carpintero se cayó del tejado, siempre sintió que sus movimientos eran signo de mal augurio. Absorta estaba, y repentinamente un sonido de vidrios rotos y crema desparramándose la trajo a la realidad. Anne Marie se dio vuelta estrepitosamente, y vio a Jordan, la pequeña cocinera inglesa, parada junto al desastre que oyó. La canilla de la pobre niña casi no la podían sostener por el temblequeo, y sus grandes ojos vidriosos la acusaban.

-Eres una inútil, niña- Dijo Anne Marie, casi por costumbre. Sus pensamientos seguían con el gallo
-Lo siento, señora- respondió Jordan, en el francés peor pronunciado que Anne marie haya escuchado jamás.

La cocinera en jefe le extendió una mopa, vociferando antiguos prejuicios franceses contra los ingleses. La pequeña Jordan se puso aún más nerviosa, y empezó a lloriquear. Casi por compasión, pero movida realmente por la sugestión del gallo veleta, Anne Marie se llevó a Jordan al vestíbulo. Caminaron en silencio a través de él, y siguieron por el largo pasillo de la biblioteca. Anne Marie, le abrió la puerta, y la obligó a sentarse en el gran sillón de cuero que estaba junto al mapamundi. Ella caminó hacia el pequeño bar, y comenzó a servirse una copa.

-Habla- Dijo Anne Marie, mordiéndose el labio, porque sabía que aquello era una apuesta arriesgada. Mas oir el llanto desconsolado de Jordan estallar le devolvió el alma al cuerpo.
-Señora, y-yo… Disculpe señora, yo no debo- Musitó Jordan, apretujando su mandil nerviosamente.
-¡Habla, maldición!- El copa de vino se estrelló contra las estanterías cubiertas de libros.
-Si señora- contestó Jordan, no menos nerviosa, pero sí más asustada. Es su marido señora. Está en el granero, con la muchacha nueva. Lo siento señora

Anne Marie no escuchaba. Ciega de ira, tomó el rifle que reposaba junto a la cabeza de tigre en el dintel de la puerta. Taconeando ligero, dejó oír sus pasos por el corredor en dirección a la puerta de servicio. Recorrió haciendo crujir las hojas el sendero hasta el granero, mientras cargaba el rifle. Violentamente, Anne Marie abrió el portón, y disparó a quemarropa.

Cuando el humo se disipó, Anne Marie vio una sombra pelirroja escabulléndose, y el cadáver de Pierre desangrándose sobre el heno recién recogido.

2 comentarios:

Andrea dijo...

Uh.. cuánta acción!
Ya ni me acuerdo quién es quién, pero.. de todos modos, dudo que importe mucho.

(Uy, me olvidé que yo me estaba haciendo la boluda porque nunca te mandé lo que tenía que escribir)

No, mentira. Desp. hablamos.
Cuidate, suerte

juanita* dijo...

y si... ya se como es la cosa joaco...

ese cuento es algo que me paso con una persona y por eso dice las cosas como las dice... sigue esas "secuencias"...

Hay cosas peores como anular el teatro por la television.... o el buen cine por peliculas pedorras... pero si. Ho capito.