domingo, abril 25, 2010

Musas

Lo que más me gustaba de ella era el espacio para la fábula que había en cada una de sus negativas. Cada misterio que me transpiraban sus silencios y ausencias era una puerta al ingenio y a la invención. Me encantaba su forma de dejar brechas vacías, esas infinitas páginas blancas para completar entre sus tobillos y axilas. Me encantaba cómo sabía que no siendo mía me hacía su dueño.

Cuando llegó, sabía a lo que venía; Instaló sus cimientos y se fue, dejándome que la construyera a mi gusto, obsesionándome con tener el original. Pero ella sabía que nada superaría mi invención, y prefirió vivir esa doble vida, dejándome a mi y al silencio amasar sus contornos.

5 comentarios:

ABRIL dijo...

hace tanto no pasaba por acá!
siempre con las mismas cosas tan lindas

Javiera. dijo...

tienes bastante olvidado el espacio, ¿qué pasó?

Mikala dijo...

Me encantaba cómo sabía que no siendo mía me hacía su dueño.
Me senti identificada.

moipaprika dijo...

Que fuerteeeeeeeeee.

Pasajera en trance dijo...

Con tu blog me pasa algo muy loco. Cada vez que entro (y, confieso, es esporádicamente) me da una sensación como la que el resto de los mortales describe como "estar en casa".

Me gusta mucho, en serio :). Actualizá más seguido así tengo más para leer!


Un beso.