lunes, abril 28, 2008

2035

El semáforo se puso en rojo justito, y Juan Carlos freno con desgano casi mordiendo la senda peatonal. Y peor se sintió cuando los vio, esperando el momento propicio para pararse en medio del paso de cebra, importunando tanto a los transeúntes como a los conductores con sus piruetas anticuadas que ya no asombraban a nadie.
Encima eran de los que venían con pizarra. Los que tardaban años en terminar de mendigar entre los autos de zona norte, y hacían oídos sordos a los bocinazos.
Juan carlos los vio, y puteó entre dientes. Su mujer lo miró preocupada, sabiendo cuan profundamente lo tocaba en lo personal ser espectador involuntario de esta clase de espectáculos.

-ahí están, otros inútiles como tú hijo- le espetó Juan Carlos a su señora, haciendo hincapié en el “tu” y evitando encontrar algún detonante para la acusación. Lucrecia decidió que lo mejor sería ignorarlo, dejar que monologue un rato solo, que sería peor si ella trataba de calmarlo.

-No solo inútiles, sino que poco originales. ¡Todos hacen la misma idiotez!- escupió saliva, indignado, al ver como uno de los jóvenes desplegaba gráficos en la pizarra, mientras el otro maniobraba la calculadora con dudosa destreza.

El semáforo se puso en verde, y los jóvenes pasearon sus trajes grises entre los autos, mostrando un maletín de cuero pidiendo colaboraciones por las mediocres proezas expuestas. Cuando uno, el de la pizarra, le golpeó el vidrio a Juan Carlos, y éste se desentendió, Lucrecia lo miró con dureza.

-tu hijo está en algún semáforo de la ciudad, haciendo lo mismo; y me gusta pensar que la gente igual le da monedas. Pensá que se la estás dando a él, si te resulta menos incómodo.

- yo no lo puedo creer. Uno se quema las pestañas en la escuela de circo, para después tener que soportar a estos pendejos que se creen que van a salvar al mundo con esas utopías de la “economía”…

- ¡son jóvenes! ¡Ya van a sentar cabeza! ¡Luchito me dijo el otro día que estaba considerando la carrera de cuerda floja!

Él evitó la mirada de ella, pero bajó el vidrio y le tiró unas monedas en el maletín.
El viaje continuó en silencio gélido. Silencio que solo se rompió cuando uno de los globos de Juan Carlos se reventó sin querer dos cuadras más adelante.

7 comentarios:

juanita* dijo...

lindo lindo, buena preparacion me hiciste para buenos aires eh... jeje

Andrea Lucía dijo...

Acá no muerdas la senda peatonal, que vas a restar puntos para la tostadora que le regala Macri a los buenos conductores.

Me gustó tu texto, me daba curiosidad pensar qué cadorcha hacían con las pizarras...

En fin,
que andes bien

Berenizz dijo...

Era una familia de animadores?
Como cuesta aceptar que los otros tienen formas distintas de hacer las cosas, formas que no son la nuestra, pero que no necesariamente son malas.
Saludos!

Paco dijo...

Su comentario, querido amigo,
está fiero redactado
ha de ser porque está enojado,
pues la forma bien no captó
¿Ha de ser porque no entendió
o ha de ser porque está pelado?


Depués leo tu entrada y te firmo algo al respecto.

theremin dijo...

¿Me gustó?
No sé bien... pero de cualquier modo, aprecio mucho a los artistas (entrando "escritores" en la categoría) que hacen cosas políticamente correctas que no son ñoñas ni forzadas.
Este texto entra para mí en esa categoría. Así que está bien.

estornudo dijo...

No me gusta ponerme solemne porque mi nick es Estornudo pero está bueno esto, me descolocó.

Y quería compartir la palabra de verificación que me tocó: hxwhvfo.
Uy la escribí mal. La segunda es: cvhwowvk.

juanita* dijo...

pone otro cuento!!!!!! es hora...