domingo, enero 27, 2008

Musa O km

Estoy como nene con chiche nuevo; encontré algo que no tenía desde principios del 2006.
Encontré una musa etérea.

Antes todas mis musas eran etéreas porque yo era muy ingenuo y pelotudo, y les tenía miedo a las mujeres que las representaban en la vida real. Deseaba a esas mujeres como si ellas fueran realmente esa imagen que yo les construía encima. La mayoría de ellas dejaron de ser mis musas antes de empezar a darme cuenta de que realmente eran mujeres de carne y hueso.
Estos dos últimos años los repartí entre el disfrute de un delicioso amor burgués y apacible (la gran parte del tiempo) y en la exploración de las relaciones lúdicas sin significado ni trascendencia.
En dos años, mi escritura se dedicó a ponerse gorda y rechoncha, a dar vueltas por mundos de adverbios, y a dormirse grandes siestas pajeras de gramática. Se me había ido aquél sentimiento de impotencia de no poder hacer que mi musa me leyera, que fue lo que me hizo vomitar cuadernos enteros de mala retórica adolecente.

Una musa etérea es una mina a la que le escribimos un poema, pero nunca lo va a leer. Nunca nos va a decir “pará flaco, mis ojos no son ‘dos luceros en el alba meridional’. Estás del tomate vos”. Entonces uno puede decirle lo que quiera, hacerla ser como uno quiera. Si de repente uno necesita que ella tenga determinada cualidad para que cierre una alegoría, se le atribuye nomás; total, quién se va a quejar.
Todas mis musas surgieron siempre de la impotencia. Escribir era mi grito de ahogado, mi bengala en la noche de año nuevo para llamar su atención. Nunca resultó. Nunca conquisté a ninguna mina con lo que escribo, y me siento orgulloso de ello. Nunca mi arte sirvió al sucio propósito de desnudar señoritas (por más que me esforcé en lograrlo, lo juro!). Incluso aprendí que tengo que evitar verbalizar los axiomas que me surgen mientras abrazo a una mujer desnuda, porque se me ríen en la cara.

La cosa es que yo pensé que ya no tendría una musa nunca más, viejo y cansado como me siento. Y hoy la construí, para mi sorpresa. Fui capaz de agarrar un cuerpo andante, y despojarla a conciencia de todas las cosas que no le convienen tener a una musa. Le di el toque de misterio invitador y la sabiduría silente que toda musa que se precie debe tener. Incluso le di cigarros, cuando ella no fuma, y a mí ya me da asquito que las minas fumen. Pero es una musa, así que no voy a tener que olerle nunca el cuello con tufo de cenicero.

Contra tu voluntad te hice mía. Ahora voy a hacerte el amor con palabras esdrújulas y rimas consonantes. Y vos nunca lo vas a saber, porque no leés este blog. Tan ajena, tan aparte. Ya no sos más que una sonrisa inerte en un par de fotos y en un recuerdo que ya perdió toda trascendencia.

Puedo decir que te amo, y vos no te vas a dar vuelta. Total, qué más da.
Podría decir también que te odio, pero eso no me sirve para parecer un tipo sensible.




Tema del día
(no es un tema de the cure, aclaro)

6 comentarios:

Calei dijo...

Muy buen humor(!)

theremin dijo...

que bueno que alguien te desnude mientras te lo explica con axiomas verbales.

La de Mameluco dijo...

Que bueno que avos la impotencia te genere escribir. A amuchas otras personas que no tienen tu sencibilidad le generan cosas espantosas (mucho más espantosas que tus poemas adolescentes jajaja)

La de Mameluco dijo...

Pero vos vas sumando un número importante de "lectoras-admiradoras" con tu prosa senciblona!! jejeje

Ana Ortiz dijo...

me gusto el poema sobre el papel araña, el verde era mi favorito, pero siempre me tocaba forrarlos en azul o rojo.
Y este posteo sobre las musas es sencible y sincero.
Me gustó mucho.

Ro dijo...

Mmmm. Oh. Ah. Descollante, genial ¡Qué mujer, por más mundana que sea, no sueña trocar su miseria y convertirse en la musa del algún artista delirante! Siempre dentro del plano onírico; todos sabemos que las mujeres reales también se tiran pedos y que los artistas delirantes están más perturbados que la mierda.
No dejo de leer tu blog sin que se me escape alguna interjección como de estómago vacío.
Permitime llamarte "Sobrino", para transformarme en una especie de luna sin luz propia (aunque me lacere el orgullo).