lunes, enero 01, 2007

-4-

El beso de Frédéric se postergó por minutos que a Nuria le parecieron de los más dulces de su vida. Todo un mes, Frédéric fue lo único que pasó por su cabeza. Su madre se reiría de ella si se enterase que el viaje de libertad que había reclamado con berrinches incesantes, se había transformado en una cacería de un francés flaco y larguirucho.

El tren que Frédéric estaba esperando, llegó y se fue. Él lo vio irse mientras abrazaba a Nuria, quién se sonreía al ver en ese tren que se iba la realidad de una noche compartida. Juntos fueron a comprar salchichón vienés, y frutas abrillantadas, con las cuales Nuria preparó un plato agridulce que su madre había usado para conquistar a su padre. Frédéric compró un mazo de naipes, para seducirla con cortes exóticos y algún que otro chascarro mágico. El vino lo pagaron entre los dos.

En la habitación del hotel, Nuria tenía un Monopoly. Frédéric se asustó un poco ella lo sacó, pero tragó saliva y se sentó a la mesa; esta era su oportunidad. Nuria repartió el dinero de fantasía, y se pusieron a jugar. Cuando Nuria cayó en un hotel de Frédéric, él no le cobró porque sabía que quedaría en bancarrota. Nuria le pasó 4 veces lo que correspondía al pasar por salida en un momento que Fred tenía todas sus propiedades hipotecadas.
El amanecer los encontró abrazados y llenos de dinero. Tanto se entusiasmaron con el juego que se olvidaron de comer. Nuria tostó los salchichones, y los rellenaron con los naipes para hacer sándwiches. Nuria no podía dejar de mirar a Fred mientras él untaba fruta abrillantada en su salchichón vienés.

-Fred… ¿crees que jugamos Monopoly demasiado pronto?
-¡Oh, no, Nuria! De cualquier modo, nosotros estábamos predestinados a hacerlo. Y no creo que haya mejor escenario para nuestro primer juego que este pequeño y pintoresco hotel suizo.
-Sé que no seré una esposa ejemplar, Fred. No sé cocinar, y no podré criar niños.
-¿Y que hay con eso? Yo no seré un buen esposo tampoco; te engañaré y te golpearé.
-¿Harías eso por mí?
-No es por ti: es por nuestro amor.

Se besaron y rodaron por la alfombra. Salieron a la calle, y Fred le compró un ramo de camelias, que eran sus flores favoritas. Juntos caminaron hasta la estación del tren, donde Fred seguiría su camino. Se despidieron con un pequeño beso, y Nuria vio como la cara de Fred comenzaba a alejarse. Una lágrima rodó por su mejilla.

Cuando caminaba de regreso al hotel, pensando en la larga partida de Monopoly de la noche anterior, se sorprendió al ver a un hombre muy pálido comprando frutas en el negocio de la esquina. Sabía que conocía a ese hombre, lo había visto en algún lugar…
Cuando subió al departamento, encontró una pequeño libro que Fred se había olvidado. Se sintió tonta de sentir nostalgia cuando no había pasado una hora desde que se separaron. Hojeó el libro, y dentro encontró una foto de un grupo de gente. Era la foto del cumpleaños de Fred que él le había mostrado. Y ahí lo vio: el hombre que acaba de ver era Luque, el mayordomo.

3 comentarios:

oblicuada dijo...

una no puede menos que esperar ansiosa el próximo episodio!

Andrea dijo...

Psss.. la "novela de los martes" tocó fondo.. ya no podés hacer tretas para simular que posteaste religiosamente cada martes, ya no..
(pero podés cambiarle el nombre, y listo)

Bueno, saludos..
Que estés bien

juanita* dijo...

y me pregunte.
"en que andara joaco". Y me respondi "en su propio mundo". Y hasta aqui llegue.
Ya volvere, estoy de mudanza, sin internet y con un trabajo nuevo.
c'est la vie.

j*